20121118

Looper


Por Mikel Zorrilla

Hace tiempo que veía en ‘Looper‘ (Rian Johnson, 2012) un rayo de esperanza entre unos estrenos de Hollywood caracterizados en los últimos meses por ofrecernos blockbusters con una tendencia bastante clara a ser un tanto decepcionantes. Lo peor era la sensación de que podrían haber sido mucho mejores sólo con haber dedicado algo más de tiempo a perfilar su guión, algo que sí ha sucedido en el caso que nos ocupa. Y lo mejor de todo es que ha sido a partir de una idea original, usando una premisa tan sugerente como la de los viajes en el tiempo. Todo apuntaba a que ‘Looper’ iba a ser uno de los largometrajes más estimulantes de 2012, y ha acabado siéndolo, pero de una forma muy diferente a lo que parecía por su estupenda campaña promocional.

 http://www.blogdecine.com/criticas/looper-brillante-y-emocionante-reinvencion-del-blockbuster

Un inicio brillante

Es evidente que el tema de los viajes en el tiempo es uno de los más atractivos que puede explorar cualquier ficción audiovisual, ya sea para reunir a personajes de épocas diferentes, comprobar la reacción que suscita en alguien o simplemente para abordar el eterno debate sobre si cambiar algo en el pasado crea una línea temporal diferente, algo reflejado con brillantez en un episodio de ‘Los Simpson’. Sin embargo, en ‘Looper’, aunque suene extraño, es un elemento catalizador de la auténtica historia y no el eje vertebral de la misma. El primer acto sí que está dedicado casi en exclusiva a explicarnos el mundo de la película, resultando fascinante a la hora de establecer que los loopers son agentes contratados por una mafia del futuro para eliminar a aquellas personas que les resultan molestas, siendo bastante peculiar la forma en la que los despiden: Mandan a su yo del futuro para que se asesinen a sí mismos. A cambio reciben una compensación económica muy elevada, pero desde el primer tráiler de ‘Looper’ ya sabemos que algo raro pasa cuando es el protagonista el que tiene que hacerlo.

Imagen de Joseph Gordon-Levitt y Paul Dano en 'Looper'

Sin embargo, el primer acto no sólo sirve para plantearnos eso, sino también para establecer una sociedad futura en la que la mayoría de la gente vive en la más absoluta miseria, unos pocos han desarrollado una mutación que les hace tener un (poco útil) poder psíquico y nos presenta a Joe como un personaje dual. Y es que al mismo tiempo es un irresponsable de mucho cuidado y alguien muy previsor que va ahorrando gran parte del dinero que le pagan por su trabajo como looper. Este hecho será decisivo a lo largo de la película, ya que el guión de Rian Johnson echa mano de forma constante de ello para explicar las motivaciones de Joe. También hay tiempo para ubicarnos dentro del entramado criminal detrás de todo y espacio suficiente para que ‘Looper’ coquetee con varios géneros de forma magistral hasta la primera aparición de Bruce Willis.

‘Looper’ no es lo que parece

Todo apuntaba a que ‘Looper’ iba a acabar convirtiéndose en un emocionante correcalles entre los dos Joe, dando un toque especial al relato el hecho de partir de los viajes en el tiempo y contarnos la lucha entre una persona y su yo del futuro. Sin embargo, Rian Johnson no está dispuesto a convertir su creación en un thriller de acción al uso, por lo que decide centrar el interés del relato en las emociones de los personajes, contando todos con buenos argumentos para defender su postura, pero también con aspectos moralmente muy discutibles. Esta dicotomía es la que mantiene enganchado al espectador hasta su emocionante desenlace. Me gustaría profundizar en este aspecto clave de ‘Looper’, pero sería imposible hacerlo sin entrar en spoilers, y ya os aviso de que deberíais retirar la palabra a todo aquel que os cuente más de lo esencial sobre la película.

Imagen de los viajes en el tiempo de 'Looper'

Es en el segundo acto cuando ‘Looper’ se convierte en un drama de ciencia ficción, en el cual hay espacio para que el trío protagonista tenga la oportunidad de dar lo mejor de sí mismos. Del caso de Joseph Gordon-Levitt se ha hablado mucho de su discutible parecido físico con Bruce Willis (da el pego para mi gusto, aunque quizá más como padre-hijo), pero en todo lo demás lo borda, y es que Willis hasta llegó a grabar las frases que Gordon-Levitt tiene que decir en off para que éste pudiera ensayar minuciosamente cómo decirlas para resultar lo más cercano posible al protagonista de la magistral ‘12 Monos‘ (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995). Para la parte gestual, Gordon-Levitt se vio infinidad de veces varias películas protagonizadas por Willis, pero dejando de lado en las que era más joven para no caer en el error de intentar imitar el cómo era por aquel entonces. El resultado es que Gordon-Levitt hace una réplica perfecta (y natural) de su yo con 30 años más.
Por su parte, Willis tiene una presencia secundaria en ‘Looper’, pero eso no es óbice para que su ilimitado carisma se adueñe de la función, demostrando también sus dotes dramáticas en varias momentos, siendo el más destacado el que está centrado a contar cómo el Joe de Gordon-Levitt acabó convirtiéndose en él y la forma en la que acabó volviendo al pasado. Magistral. Del personaje de Emily Blunt es preferible que no sepáis nada, por lo que me limitaré a decir que mantiene el nivel de los dos protagonistas masculinos, siendo ella la que incluso eleva un poco más el engranaje dramático de ‘Looper’.

Imagen de Emily Blunt en 'Looper'

No quiero olvidarme de Rian Johnson, ya que me reconozco fan de ‘Brick‘ (2005), su ópera prima, pero luego me decepcionó bastante con ‘The Brothers Bloom‘ (2008). Sin embargo, en la primera se liaba un poco de más en varios conceptos teóricos y en la segunda, entre otras cosas, no terminaba de resultar convincente a la hora de explorar la faceta espectacular de una película. Ambos problemas están problemas perfectamente corregidos en ‘Looper’. Para lo conceptual no ha dudado en pedir ayuda a Shane Carruth, responsable de la seminal ‘Primer’ (2004), para evitar incurrir en cualquier exceso a la hora de explicar con perfecta claridad al espectador las reglas básicas de sus viajes en el tiempo, mientras que en lo segundo ha apostado con acierto por conseguir que la implicación emocional del espectador con los personajes sea la gran baza para sólo tener que recurrir a los disparos, peleas y persecuciones cuando es imprescindible.
Además, confía en la inteligencia del espectador y se permite mantener esas oscilaciones genéricas que comentaba durante el primer acto, habiendo espacio para breves apuntes cómicos (esa persecución de alguien que deriva en una hacia otra persona), grandes sobrecargas dramáticas (el Joe adulto empezando su cruzada personal), pausas reflexivas y buenas escenas de acción en la que los excesos están al servicio de la historia y no al revés. Bravo por Johnson.

Los pequeños problemas

Imagen de Bruce Willis en 'Looper'

Si hay algo que debería haberse mejorado en ‘Looper’, eso es su presupuesto, ya que apenas se han invertido 30 millones de dólares para hacerla. Es cierto que es una cifra mareante en condiciones normales, pero es irrisoria a la hora de sacar adelante un aspirante a blockbuster. Sin embargo, la combinación de historia original con la necesidad de conseguir una calificación R en Estados Unidos (hay elementos de la trama que no pueden ser suavizados de ninguna manera si realmente se quiere conseguir el impacto emocional deseado) fue una losa demasiado pesada, y eso es algo que se nota de forma poco molesta cuando llegan los arrebatos de espectacularidad, pero a buen seguro fueron claves para que diferentes subtramas no estuvieran más trabajadas.
Además, podría decirse, aunque no lo comparto, que ‘Looper’ sufre cierto bajón hacia la mitad de metraje, ya que el desarrollo de la acción se tranquiliza, algo que puede causar una sensación de estancamiento narrativo. Johnson anima eso a través de la acción paralela con la particular odisea de Bruce Willis y usando un peligro secundario para los personajes que están en una casa en mitad de la nada. Uno hubiera agradecido que aquí también ganase peso Jeff Daniels y los engranajes de esa fascinante organización criminal en poder de una máquina del tiempo, pero, personalmente, no me resultó molesto, ya que ‘Looper’ apuesta por otra forma de hablarnos de ello, quizá consecuencia de la falta de presupuesto, tal vez totalmente deliberado, pero que funciona a las mil maravillas en el plano emocional, el auténtico eje de la función.

Imagen de Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis en 'Looper'

En definitiva, ‘Looper’ es una película estupenda y un entretenimiento de primer nivel, siendo su único lunar el que en Hollywood desconfíen de las ideas diferentes a la hora de dar el presupuesto que hubiera sido necesario en este caso. Y es que se nota que ‘Looper’ ha costado bastante menos de lo habitual en una producción de este calibre, algo que le impide desarrollar todo su potencial y convertirse en la casi obra maestra que podría haber sido. Sin embargo, lo que es le da de sobra para ser una de las mejores películas de lo que llevamos de 2012 y una de las obras de ciencia ficción más estimulantes de los últimos tiempos.

Si queres una copia gratruita puedes conseguirla aquí

 http://www.sdd-fanatico.org/looper-2012/


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20121101

Total Recall / El vengador del futuro - 1990/2012


Total recall es una película dirigida por Paul Verhoeven en 1990 y protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Escrita por Ronald Shusett, Dan O'Bannon, y Jon Povill, la película se tituló Desafío total en España y El vengador del futuro en Hispanoamérica. Ganó el Oscar a los Mejores efectos visuales y está basada en el relato de Philip K. Dick Podemos recordarlo por usted al por mayor (1966) o mejor PODEMOS RECORDARLO TODO POR USTED . Además de que fue la película con el presupuesto más alto producido por Hollywood en esos años, la película lanzó al estrellato a Sharon Stone.quien era una bella desconocida hasta ese momento En 2012 está previsto el estreno de una remake protagonizada por Colin Farrell y de la que adjuntamos algunas tomas comparativas.
El relato original del maestro Philip K. Dick es un relato corto que les dejamos a continuación en su versión en castellano para el disfrute de nuestros queridos seguidores.
Si quieres una copia gratis
 http://www.sdd-fanatico.org/total-recall-2012/

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PODEMOS RECORDARLO TODO POR USTED
Philip K. Dick
* * *
Despertó... y deseó estar en Marte.
Pensó en los valles. ¿Qué se sentiría al caminar por ellos? Creciendo incesantemente, el sueño fue en aumento a medida que recuperaba sus sentidos: el sueño y el ansia. Casi llegaba a sentir la abrumadora presencia del otro mundo, que solamente habían visto los agentes del Gobierno y los altos funcionarios. ¿Y un empleado como él? No, no era probable.
- ¿Te levantas o no? - preguntó su esposa Kirsten, con tono soñoliento y con su nota habitual de malhumor -. Si estás ya levantado, oprime el botón del café caliente en el maldito horno.
- Está bien - respondió Douglas Quail.
Descalzo, se dirigió desde el dormitorio a la cocina. Allí, tras haber hecho presión, obedientemente, sobre el botón del café caliente, tomó asiento ante la mesa, extrajo un bote pequeño, de color amarillo, de buen Dean Swift. Inhaló profundamente y la mezcla Beau Nash le produjo picor en la nariz y al mismo tiempo le quemó el paladar. Pero continuó inhalando; el producto le despertó y permitió que sus sueños, sus nocturnos deseos, sus ansias esporádicas se condensaran en algo parecido a la racionalidad.
-¡Iré! - se dijo a sí mismo -. Antes de morir, veré Marte.
Por supuesto, era imposible, y aun soñando, esto lo sabía muy bien. Pero la luz del día, el ruido habitual que hacía su esposa al cepillarse el cabello ante el espejo del tocador..., todas las cosas conspiraron repentinamente para recordarle lo que él era.
«Un miserable empleado asalariado», se dijo con amargura. Kirsten le recordaba tal circunstancia por lo menos una vez al día, y él no la culpaba por ello; era una labor de esposa lograr que el marido asentara los pies firmemente sobre la tierra. En la Tierra, pensó, y se echó a reír. La frase le hacia gracia.
- ¿En qué estás pensando? - preguntó la esposa, cuando entró en la cocina arrastrando por el suelo un pico de su larga bata color rosa -. Apuesto a que estás soñando de nuevo. Estarás en las nubes, como siempre. Tienes la cabeza llena de pájaros.
-Sí - respondió él, mirando por la ventana de la cocina hacia los taxis aéreos y demás artilugios volantes, así como a la gente que se apresuraba para acudir a su trabajo. Al cabo de un rato, también él estaría entre todas aquellas personas. Como siempre.
-Apuesto a que tus sueños tienen algo que ver con alguna mujer - dijo Kirsten, sonrojándose.
-No - contestó -. Con un dios. Con el dios de la guerra. Tiene maravillosos cráteres y en sus profundidades crece toda clase de vida vegetal.
- Escucha - dijo Kirsten, agachándose a su lado y hablando calurosamente, a la vez que abandonaba por unos instantes el tono normal y áspero de su voz -. El fondo del océano... «nuestro» océano, es infinitamente más bello. Lo sabes bien; todo el mundo lo sabe. Alquila para un equipo de branquias artificiales, pide una semana de permiso en el trabajo y podremos sumergirnos y vivir en uno de esos maravillosos lugares de recreo acuáticos que están abiertos todo el año. Y además...
La mujer se detuvo y añadió tras una breve pausa: -No me escuchas. Deberías hacerlo. Eso es mucho mejor que tu obsesión por Marte. ¡Ni siquiera me escuchas! ¡Cielo santo!, ¡estás condenado, Doug! ¿Qué va a ser de ti?
-Me voy a trabajar - dijo él, poniéndose en pie y olvidándose del desayuno -. Eso eslo que va a ser de mi.
La esposa lo miró con expresión dubitativa y dijo: - Cada día estás peor, más y más fantástico. ¿Adónde te va a llevar todo esto?
- A Marte - contestó, abriendo la puerta del armario para coger una camisa limpia.
Tras haber descendido del taxi, Douglas Quail caminó lentamente a través de tres abarrotadas calzadas especiales para peatones, dirigiéndose hacia aquel umbral moderno y atractivo. Allí se detuvo contemplando el tráfico de media mañana y con suma calma leyó el rótulo de neón. Ya en el pasado lo había leído muchas veces pero nunca desde tan cerca. Esto era diferente. Lo que hacía ahora era algo más. Algo que más pronto o más tarde tenía que suceder.
REKAL INCORPORATED
¿Era ésta la respuesta? Después de todo, sólo era una ilusión, quizá muy convincente, pero no dejaba por ello de serio. Al menos objetivamente. Pero subjetivamente... todo lo contrario.
Y, de todas maneras, en los siguientes cinco minutos tenía una cita.
Respirando profundamente cierta cantidad del aire medio envenenado de Chicago, atravesó a continuación el policromo umbral y se acercó hasta el mostrador de la recepcionista.
La rubia y bella muchacha del mostrador, de atractivos senos e impecablemente ataviada, le saludó con suma simpatía:
- Buenos días, señor Quail.
-Sí - replicó él -. Estoy aquí para tratar acerca de un curso Rekal, como usted sabe.
-Por supuesto -dijo la recepcionista, tomando un pequeño auricular que había a su lado.
Luego anunció:
-El señor Douglas está aquí, señor McClane. ¿Puede entrar ahora, o es demasiado pronto?
Surgieron del auricular unos extraños sonidos.
- Sí, señor Quail - dijo la joven -. Puede usted entrar; el señor McClane le está esperando.
Al avanzar el señor Quail con ciertas dudas, la muchacha le advirtió:
- Habitación D, señor Quail. A su derecha.
Durante unos instantes creyó haberse perdido, pero pronto encontró la habitación indicada. Se abrió la puerta automáticamente. Tras una enorme mesa de despacho, se hallaba un hombre de mediana edad, de aspecto afable y ataviado con un traje gris marciano de piel de rana; solamente aquel atavío hubiese sido suficiente para indicar a Quail que acababa de acudir a visitar a la persona más adecuada.
- Siéntese, Douglas - dijo McClane, señalando con una mano regordeta hacia una silla que había frente a su mesa de despacho -. ¿De manera que desearía ir a Marte? Muy bien.
Quail tomó asiento, sintiéndose muy nervioso.
-No estoy muy seguro de que esto valga la pena -dijo -. Cuesta mucho y realmente tengo la impresión de que no conseguiré nada.
«Cuesta tanto como ir allá», pensó.
-Usted tendrá las pruebas tangibles de su viaje - aseguró enfáticamente el señor McClane -. Todas las pruebas que necesite. Vea usted esto.
El hombre revolvió en un cajón de su impresionante mesa, y del interior de un gran sobre color marrón, extrajo una pequeña cartulina impresa en relieve.
    - Se trata de un billete de viaje. Demuestra que usted ha hecho el viaje de ida y vuelta. Postales...
    Sobre la mesa extendió cuatro fotografías tridimensionales a todo color, para que Quail las viese. Luego añadió:
    - Película. Fotografías que usted tomó de algunos lugares típicos de Marte con una cámara de cine alquilada...
    Mostró las fotos a Quail y continuó:
    - ...Más los nombres de las personas que ha conocido usted, objetos de recuerdo que llegarán de Marte en el mes próximo, y pasaporte, certificados de las vacunas que se le hayan puesto, y algunos detalles más.

El hombre guardó silencio y miró agudamente a Quail. Luego, añadió:
-Sabrá usted que ha viajado, que ha ido allá. No nos recordará a nosotros, ni a mí, ni siquiera el haber estado aquí. Será en su mente un verdadero viaje, le garantizamos eso. Dos semanas completas de recuerdos hasta su más mínimo detalle. Y no olvide esto: si alguna vez duda usted de que realmente ha hecho el viaje a Marte, puede volver aquí y se le devolverá la cantidad cobrada, íntegramente. ¿Se da cuenta?
- Pero no habré ido - dijo Quail -. No habré ido, por muchas pruebas que ustedes me den de tal cosa.
Quail lanzó un profundo suspiro y añadió tras una breve pausa:
- Y jamás habré sido un agente secreto de la Interplan.
Le parecía imposible que la fabulosa memoria que inyectaba Rekal pudiese desarrollar aquella labor.... a pesar de lo que había oído decir a la gente.
-Señor Quail - dijo pacientemente McClane -. Como usted mismo nos explicó en su carta, no tiene oportunidad, ni la más ligera posibilidad de ir alguna vez a Marte; no puede usted permitírselo, y lo que es mucho más importante, nunca podrá usted llegar a ser un agente secreto para Interplan ni para nadie. No puede serio ni lo será jamás. Esta es la única forma de alcanzar..., bien, el sueño de su vida, ¿no tengo razón, señor?
McClane cloqueó con la garganta y añadió:
-Pero puede «haberlo sido y haberlo hecho». Nos preocuparemos de que así sea. Y nuestros honorarios son muy razonables.
Tras pronunciar sus últimas palabras, McClane sonrió animadamente.
- ¿Es tan convincente esa memoria inyectable? - preguntó Quail.
-Mucho más que la realidad, señor. Si de verdad hubiese usted ido a Marte como agente de la Interplan, ahora habría olvidado muchas cosas; nuestro análisis sobre los sistemas de la verdadera memoria (auténticos recuerdos de principales acontecimientos de la vida de una persona) demuestran que siempre se pierden muchos detalles, detalles que se olvidan y que jamás vuelven a recordarse. Parte de lo que le ofrecemos es que todo cuanto «plantemos» en su memoria jamás lo olvidará. La serie de imágenes e ideas que se le inyectarán cuando esté usted en estado de inconsciencia es la creación de grandes expertos, hombres que han pasado años en Marte. En cada caso verificamos los detalles en forma realmente exhaustiva. Aparte de que ha elegido usted un sistema muy fácil para nosotros; si hubiese usted deseado ser emperador de la Alianza de Planetas interiores o hubiera elegido Plutón para su viaje, hubiésemos tenido muchas más dificultades..., y, por supuesto, los honorarios habrían sido también muy superiores.
Llevándose una mano al bolsillo interior de su chaqueta para extraer la cartera, Quail dijo:
    - Está bien. Ha sido la ambición de toda mi vida, y sé que realmente nunca la conseguiré. De manera que imagino que tendré que aceptar esto.
    - No piense de esa forma - dijo McClane, severamente -. No está usted aceptando lo que podríamos llamar un segundo plato. La memoria real con todas sus vaguedades, omisiones, por no citar también sus distorsiones, sí que es en realidad un segundo plato.

McClane aceptó el dinero y oprimió un botón que había sobre su mesa. Luego, cuando se abrió la puerta para dar paso a dos hombres fornidos, añadió:
- Está bien, señor Quail. Irá usted a Marte como agente secreto.
McClane se levantó, estrechó la mano de Quail, húmeda a causa de los nervios, y concluyó:
- O mejor dicho, ya está usted en camino esta tarde a las cuatro y media regresará a la Tierra y un taxi le llevará hasta su vivienda, y como ya le he dicho, nunca recordará haberme visto o haber venido aquí; en realidad, ni siquiera sabrá nada de nuestra existencia.
Con la boca reseca por el nerviosismo, Quail siguió a los dos técnicos; lo que sucediese a continuación dependería de ellos.
«¿Llegaré a creer que realmente estuve en Marte? - se preguntó -. ¿Llegaré a estar seguro de que al fin logré la ambición de toda mi vida?»
Quail tenía la intuición de que algo, sin saber por qué, saldría mal. Pero ignoraba de qué podía tratarse.
Tendría que esperar para saberlo.
El aparato de comunicación interior de McClane, que le conectaba con el área de trabajo de la firma, sonó, y dijo una voz:
    - El señor Quail está en este momento bajo, los efectos sedantes, señor. ¿Quiere usted supervisar esta operación, o seguimos adelante?
    - Es de rutina - observó McClane. Puede usted continuar, Lowe; no creo que tenga usted ninguna dificultad.

La programación de la memoria artificial de un viaje a otro planeta -con o sin la adición de ser agente secreto- se realizaba en la firma con monótona regularidad. En un solo mes, McClane calculaba que probablemente se llevarían a cabo unas veinte veces; los viajes interplanetarios artificiales se habían convertido en pan diario.
-Lo que usted diga, señor McClane -respondió la voz de Lowe.
El aparato de comunicación interior guardó silencio.
Acercándose hasta la sección abovedada de la cámara situada detrás de su despacho, McClane buscó un paquete Tres y otro Sesenta y dos: viaje a Marte; espía secreto interplanetario. Luego regresó con ambos paquetes a su mesa de despacho, tomó asiento cómodamente, Y extrajo todo el contenido..., objetos y documentos que se depositarían en la vivienda de Quail mientras los técnicos de laboratorio se ocupaban en fabricar la falsa memoria.
Un localizador de ideas, y McClane pensó que aunque aquél era el objeto de mayor tamaño, también era el que les producía mayores beneficios económicos. Un transmisor tan diminuto que el agente podría tragárselo si le capturaban. Libro de claves que se parecían asombrosamente a uno auténtico..., los modelos de la firma eran extraordinariamente seguros: basados, siempre que era posible, sobre las verdaderas claves de Estados Unidos. Diversos objetos que no parecían tener aplicación alguna, pero que formarían, al unirse en la memoria de Quail, base sólida sobre su imaginario viaje: media moneda, ya antigua, de plata, y con un valor de cincuenta centavos, varias anotaciones de los sermones de John Donne escritas incorrectamente, cada una de ellas en un trozo de papel fino y transparente, varios sobrecitos de cerillas de bares de Marte, una cuchara de acero inoxidable en la que se leían grabadas las siguientes palabras: «Propiedad del Kibutsim Nacional de Marte», un diminuto rollo de alambre que...
Sonó, una vez más, el aparato de comunicación interior.
- Señor McClane, siento mucho molestarle, pero sucede algo raro. Quizá fuese mejor que viniese usted un momento. Quail está ahora bajo efectos sedantes; reaccionó bien bajo la narquidrina; está completamente inconsciente, pero...
- Voy ahora mismo.
Intuyendo alguna dificultad seria, McClane abandonó su despacho. Un momento después aparecía en la zona de trabajo. Sobre una cama higiénica yacía Douglas Quail, respirando lenta y regularmente, con los ojos cerrados parecía enterarse muy débilmente, sólo débilmente, de la presencia de los dos técnicos y del propio McClane.
-¿No hay espacio para insertar falsos modelos de memoria? - interrogó McClane, con irritación -. Habrá suficiente para dos semanas; está empleado en la oficina de Emigración de la Costa Occidental, que es una agencia del Gobierno, y debido a ello indudablemente durante el año pasado habrá disfrutado de dos semanas de vacaciones. Repito que con eso será suficiente.
Los detalles menudos siempre molestaban a McClane. - Nuestro problema - dijo Lowe - es algo muy diferente. - Se inclinó sobre la cama y dijo a Quail -: Repítale al señor McClane lo que acaba de contamos.
Los ojos grises del hombre que yacía boca arriba sobre la cama miraron al rostro de McClane. Este los observó con atención. Su expresión se había endurecido y tenían un aspecto inorgánico, pulido, como piedras semipreciosas. McClane no estaba muy seguro de que le gustase lo que estaba viendo. Aquel brillo de los ojos era demasiado frío.
-¿Qué desea usted ahora? - preguntó Quail, ásperamente -. Salgan de aquí antes de que los destroce a todos.
Estudió detenidamente a McClane y añadió: - Especialmente usted. Sí, está usted a cargo de esta operación de contraespionaje.
Lowe dijo:
    - ¿Cuánto tiempo ha estado usted en Marte?
    - Un mes - respondió Quail, con el mismo tono.

- ¿Y cuál fue su propósito al ir allí? - Exigió Lowe. Los delgados labios de Quail se retorcieron un tanto, pero no habló. Finalmente, arrastrando las palabras hasta lograr que sonaran con evidente acento de hostilidad, dijo: -Agente de Interplan. Ya se lo he dicho. ¿No graba usted todo cuanto se habla?
Ponga en marcha esa cinta grabada para que la escuche su jefe y déjeme tranquilo. Cerró los ojos. La dureza de las pupilas se esfumó. McClane se sintió inmediatamente aliviado. Lowe dijo calmosamente:
- Este es un hombre duro, señor McClane.
-No lo será -respondió McClane -. No lo será cuando de nuevo dispongamos que

pierda su eslabón de memoria. Se mostrará tan dócil como antes. Luego añadió, dirigiéndose a Quail:
- ¿De manera que ésa era la razón por la que tanto ansiaba ir a Marte?
Sin abrir los ojos respondió:

- Nunca quise ir a Marte. Me destinaron Y no tuve más remedio que Ir. Confieso que sentía curiosidad por ir. ¿Quién no la hubiese sentido?
De nuevo abrió los ojos Y miró a los tres hombres en particular a McClane. Luego murmuró:
-Buen suero de la verdad éste que usted tiene aquí. Me ha hecho recordar cosas que había olvidado completamente.
Hubo un silencio y luego murmuró, como si hablara para sí:
-¿Y Kirsten? ¿Estaría complicada en todo esto? Un contacto de Interplan vigilándome... para tener la seguridad de que yo no recuperase la memoria... ¿podría ser? No me extraña que se burlara tanto de mis deseos de ir allá.
Muy débilmente, sonrió. La sonrisa más bien de comprensión, se desvaneció casi inmediatamente.
McClane dijo:
- Por favor, créame, señor Quail; hemos tropezado con esto enteramente por accidente. En el trabajo que nos...
- Le creo - respondió Quail.
Este último parecía cansado. La droga continuaba profundizando más y más en él.

-¿Dónde dije que había estado? - interrogó -. ¿Marte? Es difícil recordar. Sé que me gustaría haberlo visto; y creo que también le gustaría a todo el mundo.
Pero yo...
Su voz se debilitó extraordinariamente, Y Musitó:
- ...yo, soy un simple empleado, un empleado que no sirve para nada...
Incorporándose, Lowe dijo a su superior:
-Desea una falsa memoria que corresponde a un viaje que realmente ha hecho. Y una razón falsa que es la verdadera razón. Está diciendo la verdad; está muy sumido en la narquidrina. El viaje aparece muy vivido en su mente, al menos bajo el efecto de los sedantes. Pero aparentemente no puede recordarlo en estado de vigilia. Alguien, probablemente en los laboratorios de ciencias militares del Gobierno, borró sus recuerdos conscientes; todo cuanto sabía era que ir a Marte significaba para él algo especial, lo mismo que ser agente secreto. Esto no pudieron borrarlo; no es un recuerdo sino un deseo, indudablemente el mismo que le impulsó a presentarse voluntario para tal destino.
El otro técnico, Keeler, dijo a McClane:
-¿Qué hacemos? ¿Injertar un modelo de falsa memoria sobre la verdadera? No se puede predecir cuáles serán los resultados. Podría recordar parte del verdadero viaje, y la confusión producir un intervalo psicopático. Se vería obligado a retener dos sujetos opuestos en su mente, y hacerlo simultáneamente: que fue a Marte y que no fue. Que es auténtico agente de Interplan y que no lo es... Creo que debemos despertarlo sin realizar ninguna implantación de falsa memoria y sacarlo de aquí. Esto es un hierro candente.
- De acuerdo - respondió McClane.
Al asentir a la propuesta de Keeler se le ocurrió otra idea y preguntó:
    - ¿Pueden ustedes predecir qué es lo que recordará cuando salga del estado de estupor?
    - Imposible de predecir - respondió Lowe -. Probablemente albergue, a partir de ahora, algún débil recuerdo de su verdadero viaje, y también es muy probable que tenga serias dudas sobre su veracidad. Quizá decida que en nuestra programación hubo un fallo. También podría recordar haber venido aquí; esto podría borrarse si usted lo desea.

-Cuanto menos nos relacionemos con este hombre, mejor - dijo McClane -No debemos jugar con esto. Ya hemos sido lo suficientemente estúpidos, o infortunados, como para descubrir a un auténtico espía de Interplan, tan perfectamente camuflado que ni siquiera él mismo sabía quién era... o, más bien, quién es.
Cuanto antes se desembarazasen de aquel individuo que se hacía llamar Douglas Quail, sería mejor.
- ¿Piensa usted instalar los paquetes Tres y Sesenta y dos en su alojamiento? ¬preguntó Lowe.
    - No - dijo McClane -. Y vamos a devolverle la mitad de los honorarios cobrados.
    - ¡La mitad! ¿Por qué la mitad?
McClane respondió débilmente:

    - Creo que es un buen arreglo.

Cuando el coche llegó a su residencia, situada en un extremo de Chicago, Douglas se dijo a sí mismo que, sin duda alguna, era una buena cosa haber regresado a la Tierra.
El largo período de estancia de un mes en Marte ya había comenzado a difuminarse en su memoria; solo le quedaba una vaga imagen de los Profundos cráteres, la omnipresente erosión de las colinas, de la vitalidad, del movimiento mismo. Un mundo de polvo donde pocas cosas ocurrían, un mundo en el que buena parte del día era preciso pasarlo comprobando una y otra vez las reservas de oxígeno. También recordaba las formas de vida, los modestos cactus color gris marrón y los gusanos.
De hecho se había traído de Marte varios ejemplares moribundos de la fauna de aquel planeta; los había pasado de contrabando por las aduanas. Después de todo, no constituían ninguna amenaza; no podían sobrevivir en la densa atmósfera de la Tierra.
Introdujo una mano en el bolsillo en busca del pequeño estuche que contenía los gusanos, pero en su lugar extrajo un sobre.
Al abrirlo descubrió, perplejo, que contenía quinientas setenta cartulinas de crédito en forma de billetes de bajo valor.
«¿De dónde ha salido esto? - se preguntó a sí mismo -. ¿Acaso no me gasté en el viaje hasta la última moneda que poseía?»
Junto con el dinero había una hoja de papel marcada con las palabras: «Retenida la mitad de los honorarios» y firmaba «McClane». La fecha era la del día.
- Recuerda - dijo Quail, en voz alta.
-¿Recordar qué, señor o señora? - inquirió respetuosamente el conductor-robot del taxi.
- ¿Tiene una guía telefónica? - preguntó.
    - Desde luego que sí, señor o señora. Se abrió un pequeño compartimiento, y de su interior se deslizó una diminuta guía telefónica de Cook County. -La redacción de esta guía es extraña - comentó Quail, al hojearla en sus páginas
    amarillas. Sintió cierto temor. Hizo un esfuerzo para disimularlo, y luego dijo:
    - Aquí está. Lléveme a Rekal Incorporated. He cambiado de idea, ya no quiero ir a casa.
    - Sí, señor o señora - respondió el robot.
Un momento después, el taxi se lanzaba en dirección opuesta.

    - ¿Puedo usar su teléfono? - preguntó
    - Con sumo placer - dijo el robot, presentándole un lujoso teléfono con tridivisión en color, completamente nuevo.

Quail marcó el número de su vivienda. Y con una breve pausa, vio la imagen en miniatura, pero muy auténtica, de Kirsten en la pequeña pantalla del aparato.
    - Estuve en Marte - le dijo.
    - Estás borracho, o algo peor - replicó ella, retorciendo los labios irónicamente.
    - Te estoy diciendo la verdad.
    - ¿Cuándo? - preguntó Kirsten.

- No lo sé - dijo Quail, realmente confuso -. Creo que fue un viaje simulado. Por medio de un sistema de memorias extrarreales o como diablos se llame. Pero no tuvo resultado.
Kirsten dijo de nuevo:
- Estás borracho.
E inmediatamente colgó.
Quail lo hizo a continuación, sintiendo que se sonrojaba. «Siempre el mismo tono», se dijo a sí mismo, encolerizado. Siempre las mismas recriminaciones como si ella lo supiese todo y él nada. «¡Qué matrimonio!», pensó amargado.
Un momento más tarde, el taxi se detuvo junto a la acera de un edificio color rosa, pequeño, y muy atractivo. Un rótulo policromo de neón decía: «Rekal incorporated».
La elegante. recepcionista se sorprendió al principio, pero acto seguido se dominó para saludar:
    - ¡Hola, señor ¿Cómo está usted? ¿Olvidó alguna cosa?
    - El resto de los honorarios que aboné.

Más compuesta ya, la recepcionista dijo: - ¿Honorarios? Creo que se equivoca, señor
Estuvo usted aquí discutiendo la posibilidad de la realización de un viaje, pero... la muchacha se encogió de hombros y dijo, tras breve pausa:
- Tal y como tengo entendido, ese viaje no tuvo lugar.
Quail respondió:
-Lo recuerdo todo muy bien, señorita. La carta a Rekal, que inició todo este asunto. Recuerdo mi llegada aquí y mi visita al señor McClane. Y recuerdo, asimismo. cómo los dos técnicos de laboratorio me llevaron del despacho para administrarme una droga.
No tenía nada de extraño que la firma le hubiera devuelto la mitad de la cantidad desembolsada. No había dado resultado la falsa memoria de su viaje a Marte, al menos no enteramente, como se lo habían asegurado.
- Señor - dijo la muchacha -, aunque sea usted un empleado de poca importancia es usted un hombre de buen ver, y cuando se indigna estropea sus facciones. Si se sintiera usted mejor, yo podría..., bien, podría permitirle que me llevara a algún sitio.
Quail se puso furioso.
-La recuerdo a usted muy bien - dijo con tono de indignación -. Y recuerdo la promesa del señor McClane de que si recordaba mi visita a Rekal Incorporated me devolverían mi dinero en su totalidad. ¿Dónde está el señor McClane?
Tras una demora, probablemente tan larga como pudieron lograr, el señor Quail se encontró nuevamente sentado ante la impresionante mesa de despacho, exactamente como lo había estado una hora antes aquel mismo día.
-Poseen ustedes una maravillosa técnica - dijo Quail sardónicamente con enorme resentimiento -. Los llamados «recuerdos» de un viaje a Marte como agente secreto de Interplan son vagos y confusos, aparte de estar llenos de contradicciones. Y recuerdo claramente el trato que hice aquí con ustedes. Debería llevar este caso a la oficina de Mejores Negocios.
En aquellos momentos, Quail ardía de indignación. La sensación de haber sido engañado le abrumaba y había vencido su acostumbrada aversión a discutir abiertamente.
Con gran cautela, McClane dijo:
-Capitulemos, Le devolveremos el resto de sus honorarios. Admito que no hemos hecho nada en absoluto por usted.
El tono de las últimas palabras de McClane era de resignación.
Quail dijo, con tono acusador:
- Ni siquiera me han proporcionado los diversos objetos que, según ustedes, demostrarían mi estancia en Marte. Toda esa comedia que me contaron no llegó a materializarse en nada. Ni siquiera un billete de viaje. Ninguna postal. Ni pasaporte. Ningún certificado de vacuna, nada...
    - Escuche, - dijo McClane -. Supongamos que le digo...
    McClane se detuvo repentinamente y dijo al cabo de un breve silencio:
    - Bien, dejémoslo así.

Hizo presión sobre el botón de la comunicación interior y añadió:
-Shirley, por favor, ¿quiere usted preparar un cheque por valor de quinientos setenta para el señor? Gracias.
Luego miró nuevamente a Quail.
Inmediatamente llegó el cheque; la recepcionista lo dejó ante McClane y, una vez más, desapareció, dejando solos a los dos hombres que continuaban mirándose fijamente desde ambos lados de la impresionante mesa de despacho.
    - Permítame advertirle algo - dijo McClane, al firmar el cheque y entregárselo -. No hable con nadie sobre su..., bien..., sobre su reciente viaje a Marte.
    - ¿Qué viaje?
    - Bien, me refiero al viaje que ha hecho usted parcialmente. Actúe como si no lo recordara. Simule que jamás tuvo lugar. No me pregunte por qué, pero acepte mi consejo; será mejor para todos nosotros.

McClane había comenzado a sudar abundantemente. Hubo otra pausa de silencio, y añadió:
    - Y ahora, señor Quail, tengo que trabajar con otros clientes, ¿comprende?
Se puso en pie y acompañó a Quail hasta la puerta.
Dijo al abrirla:

    - Una firma que trabaja tan deficientemente no debería tener ningún cliente.

Acto seguido cerró la puerta a su espalda.
De nuevo hacia casa, en el taxi, reflexionó sobre la redacción de la carta que dirigiría a la oficina de Mejores Negocios, División de la Tierra. Tan pronto como tomase asiento ante su máquina de escribir lo haría; era su deber advertir a otras personas para que se alejaran de Rekal Incorporated.
Cuando llegó a su alojamiento, se sentó ante su máquina de escribir portátil, abrió los cajones y comenzó a buscar papel carbón, hasta que se dio cuenta de la presencia de una caja familiar. Una caja que él había llenado cuidadosamente en Marte con fauna, y más tarde la había pasado de contrabando por la aduana.
Al abrir la caja vio, sin acabar de creerlo, seis gusanos muertos y ciertas variedades de vida unicelular con las que se alimentaban los gusanos marcianos. Los protozoos estaban secos, casi hechos polvo, pero los reconoció inmediatamente; le había costado un día de trabajo recogerlos entre las grandes rocas de color oscuro. Recordaba que había sido un maravilloso viaje de descubrimientos.
«Pero yo no he ido a Marte» se dijo a sí mismo.
Sin embargo, por otra parte...
Se presentó Kirsten en la puerta de la habitación cargada con una cierta cantidad de verduras.
    - ¿Cómo es que estás en casa a estas horas?
La voz de la esposa, con su eterno y monótono tono de acusación.

    - ¿Fui yo a Marte? - preguntó Quail -. Tú debes saberlo.
-No, por supuesto que no has ido a Marte y también tú deberías saberlo. ¿Acaso


no estás siempre hablando de que deseas ir?
Quail dijo:
-Te aseguro que creo que he ido ya. - Hubo un silencio, y Quail añadió luego: - Y a
la vez, creo que no fui.
- Decídete entre una cosa u otra.
- ¿Cómo puedo hacerlo? - interrogó Quail, con una extraña mueca -. Los dos recuerdos están firmemente grabados en mi mente; uno es real y el otro no, pero no puedo diferenciar cuál es el auténtico y cuál es el falso. ¿Por qué no puedo confiar en ti? Tú les importas muy poco.
Su esposa podía hacer, al menos, aquello por él... aunque en lo sucesivo no volviese a hacer ya nada en su beneficio.
Kirsten dijo con voz monótona y controlada: -Doug, si no vuelves a ser una persona normal, hemos terminado. Voy a dejarte.
- Estoy en apuros - replicó con voz un tanto ronca -. Probablemente me encamino hacia un estado psicopático. Espero que no, pero puede que así sea. De todas maneras, eso lo explicaría todo.
Depositando en el suelo la cesta de las verduras, Kirsten caminó hacia el armario.
-No estaba bromeando -dijo con suma calma. Sacó del armario un abrigo, se lo puso, y regresó hasta la puerta para añadir:
    - Te telefonearé uno de estos días. Esta es mi despedida, Doug. Espero que salgas pronto de todo esto. Realmente, lo deseo por tu bien.
    - ¡Espera! - exclamó desesperadamente Quail -. Solamente dímelo para estar seguro. Dime si fui o no..., dime cuál de mis dos recuerdos es el verdadero, el real... Al pronunciar estas últimas palabras, se dio cuenta de que también podían haber alterado los canales de su memoria. La puerta se cerró. Finalmente, su esposa se había ido. Una voz dijo a sus espaldas:

-Bien, todo ha terminado. Ahora levante las manos Quail. Y por favor, dé media vuelta para mirar hacia aquí.
Quail se volvió instintivamente sin alzar las manos.
El hombre que se hallaba frente a él vestía el uniforme color canela de la agencia policíaca Interplan, y su pistola parecía ser un modelo de las Naciones Unidas. Por alguna razón, aquel rostro era familiar a Quail; familiar en una forma borrosa que no acababa de localizar. Sin embargo, nerviosamente, alzó ambas manos.
- Usted recuerda su viaje a Marte - dijo el policía -. Conocemos todos sus actos de hoy y todos sus pensamientos.... en particular sus importantes pensamientos en el recorrido que hizo desde su casa hasta Rekal Incorporated. Tenemos un teletransmisor en el interior de su cerebro que nos mantiene constantemente informados.
Un transmisor telepático, aplicación del plasma vivo que se había descubierto en la Luna. Quail sintió un estremecimiento de aversión. Aquella cosa vivía dentro de él, en el interior de su propio cerebro, alimentándose, escuchando... Pero la policía Interplan usaba aquel procedimiento. Por lo tanto, era probablemente cierto, por muy deprimente que resultara.
-¿Por qué a mí? -interrogó Quail, roncamente. ¿Qué era lo que él había hecho... o pensado? ¿Y qué tenla que ver todo aquello con Rekal incorporated?
- Fundamentalmente - dijo el policía Interplan -, esto nada tiene que ver con Rekal; es más bien un asunto entre usted y nosotros.
El policía señaló hacia uno de sus oídos y añadió: - Todavía estoy recogiendo sus procesos mentales mediante su transmisor telepático.
Se fijó en que el hombre llevaba en uno de sus oídos una especie de enchufe blanco de plástico. El policía continuó:
- De manera que debo advertirle que cualquier cosa que piense podrá emplearse contra usted.
El hombre sonrió. Hubo una larga pausa de silencio. Luego, siguió hablando:
-No es que ahora importen mucho ciertas cosas. Lo que sí es molesto es que, bajo los efectos de la narquidrina, en Rekal Incorporated usted relató ante los técnicos y el propietario, señor McClane, detalles de su viaje, adónde fue usted, para quién, y algunas de las cosas que hizo. Los dos técnicos y el señor McClane estaban muy atemorizados. Deseaban no haberle visto jamás...
Nueva pausa de silencio, y el policía concluyó: - Y tienen razón.
Quail dijo:
-Yo no hice jamás ningún viaje. Se trata solamente de una falsa memoria implantada en mí por los técnicos de McClane.
Pero inmediatamente pensó en la caja de su mesa de despacho que contenía formas de vida marcianas. Y recordó las dificultades y molestias sufridas para recogerlas. El recuerdo parecía real. Y la caja con aquellas formas de vida sin duda alguna era auténtica. A menos que McClane la hubiese instalado allí. Quizá aquella era una de las «pruebas» que había mencionado McClane tan alegremente.
«El recuerdo de mi viaje a Marte - pensó -no me convence. Pero desgraciadamente ha convencido a la agencia de policía Interplan. Creen que realmente fui a Marte y suponen que al menos lo hice parcialmente»
    - No solamente sabemos que ha ido usted a Marte - añadió el policía, en respuesta a sus pensamientos - sino también que usted recuerda bastantes cosas como para constituir un peligro para nosotros. Y no vale la pena suprimir su recuerdo de todas las cosas, porque usted simplemente acudiría a Rekal Incorporated otra vez y reanudaría el experimento. Y tampoco podemos hacer nada contra McClane y su sistema porque no tenemos jurisdicción sobre nadie, excepto sobre nuestra propia gente. De todas maneras, McClane no ha cometido ningún delito.
    El policía hizo otra de sus habituales pausas y añadió, tras mirar fijamente a Quail:
    - Ni técnicamente, usted tampoco. Usted acudió a Rekal Incorporated con la idea de recuperar la memoria. Usted fue allí, y así lo consideramos, por las mismas razones que acude el resto de la gente.... gentes con vidas monótonas y oscuras: el ansia de aventura. Pero desgraciadamente, la vida de usted no ha sido ni monótona ni oscura, y ya ha disfrutado demasiadas emociones; la última cosa que necesitaba usted en este mundo era un curso de Rekal Incorporated. Nada hubiese podido ser más fatídico para usted o para nosotros. Y en realidad, también para McClane.
    Quail preguntó:
    - ¿Por qué es peligroso para ustedes que yo recuerde mi viaje..., mi supuesto viaje, lo que yo hice allí?

-Porque lo que usted hizo - respondió el policía Interplan - no está de acuerdo con nuestra intachable imagen pública paternal y protectora. Usted hizo, por nosotros, lo que nosotros jamás hacemos. Como usted recordará, gracias a la narquidrina. Esa caja de gusanos muertos y algas está en su mesa de despacho desde hace seis meses, desde que usted regresó. Y en ningún momento mostró usted la menor curiosidad hacia ella. Ni siquiera sabíamos que la tenía hasta que usted la recordó cuando se dirigía a casa desde Rekal; entonces vinimos aquí a buscarla... Vinimos dos a por ella.
Otro silencio y el policía añadió innecesariamente. - Sin suerte; no había tiempo suficiente.
Un segundo policía Interplan se unió al primero; los dos conferenciaron brevemente. Mientras tanto, pensó rápidamente. En aquel instante recordaba más cosas. El policía tenía razón acerca de la narquidrina. Ellos, Interplan, probablemente también la usaban. ¿Probablemente? Estaba seguro de que lo hacían. Había visto cómo se la administraban a un detenido. ¿Dónde había ocurrido tal cosa? ¿En algún lugar de la Tierra? Decidió que más probablemente en la Luna, al percibir la imagen que se perfilaba en su defectuosa memoria.
Y recordaba algo más. Las razones de «ellos» para enviarle a Marte; el trabajo que habla hecho.
No tenía nada de extraño que hubiesen purgado su memoria.
-¡Oh, cielos! -exclamó el primero de los dos policías, interrumpiendo la conversación que sostenía con su compañero.
Evidentemente, acababa de captar los pensamientos de Quail.
-Bien, ahora el problema es mucho peor, mucho peor de lo que hubiésemos pensado.
Avanzó hacia Quail apuntándole con la pistola. - Tenemos que matarle -dijo -. Y ahora mismo.
Nerviosamente, su compañero dijo: - ¿Por qué ahora mismo? ¿Acaso no podemos enviarle a Interplan Nueva York y dejar que allí...?
- El ya sabe perfectamente por qué tiene que ser ahora mismo -dijo el primer policía.
El hombre también parecía sentirse muy nervioso, pero Quail se daba cuenta de que se debía a una razón muy diferente. Su memoria había vuelto a él casi repentinamente. Y por tal razón, entendía el nerviosismo del policía.
-En Marte maté a un hombre - dijo Quail -. Tras haberme desembarazado de quince guardaespaldas. Algunos de ellos armados con pistolas especiales, como lo están ustedes.
Quail había sido entrenado durante un período de cinco años por Interplan para convertirse en un asesino. Un asesino profesional. Conocía varias formas de desembarazarse de cualquier adversario armado.... como aquellos dos agentes de la policía, y el que mostraba el diminuto audífono también lo sabía.
Si se movía con suficiente rapidez...
La pistola disparó. Pero Quail ya se había movido hacia un lado, décimas de segundo antes, y al mismo tiempo había derribado al agente mediante un golpe de karate aplicado a la garganta con la velocidad del relámpago. En un instante se apoderó de su pistola y apuntó al otro agente, que se mostraba enormemente sorprendido.
-Captó mis pensamientos - dijo Quail, jadeando con vehemencia -. Sabía lo que yo estaba a punto de hacer, pero aun así, lo hice.
Medio tendido en el suelo, el agente golpeado murmuró:
-No usará, esa pistola contra ti, Sam; acabo de captar ese pensamiento suyo. Sabe que está acabado y no ignora que nosotros lo sabemos. Vamos, Quail...
Trabajosamente, lanzando algunos gruñidos de dolor, el agente se puso en pie. Luego, extendió una mano.
- La pistola - dijo a Quail -. No puede usted usarla, y si me la entrega, prometo no matarle; será usted juzgado ante un tribunal, y alguien que ocupe un alto puesto en Interplan decidirá. Así, pues, no lo haré yo... Puede que borren su memoria una vez más. No lo sé. Pero ya sabe usted por qué iba a matarle; no podía evitar que usted recordará cosas. De manera que, en cierto modo, mis razones para matarle ya son cosa del pasado.
Quail, sin soltar el arma, salió corriendo de la habitación, dirigiéndose al ascensor. «Si me seguís -pensó-, os mataré.» Los agentes no lo hicieron. Oprimió el botón del ascensor y se abrieron las puertas.
Se dio cuenta de que los policías no le habían seguido. Evidentemente, habían captado sus pensamientos y decidían no correr riesgos.
El ascensor, al sentir su peso, descendió. Había escapado... por el momento. Pero, ¿qué sucedería a continuación? ¿Dónde podría ir?
El ascensor llegó a la planta baja; un momento más tarde, Quail se unía a la multitud de peatones que caminaban apresuradamente por los canales especiales de las calzadas. Le dolía la cabeza y se sentía enfermo. Pero al menos había evitado la muerte; casi le habían asesinado en su propia casa.
Pensó que, probablemente, lo intentarían de nuevo. «Cuando me encuentren», pensó. Y con aquel transmisor en su cerebro no tardarían en descubrir su paradero.
Irónicamente, había logrado lo que pidiera a Rekal Incorporated. Aventura, peligro, policía Interplan, un viaje secreto y peligroso en el que él se jugaba la vida. Todo cuanto había ansiado como falsa memoria.
Ahora podían apreciarse las ventajas de que aquello fuera un recuerdo, pero nada más.
A solas, en un banco del parque, reflexionó mientras contemplaba los rebaños de peatones alegres y desenfadados, unos seres semipájaros importados de las dos lunas de Marte, capaces de emprender el vuelo aun en contra de la fuerte gravedad de la Tierra.
«Puede que aún pueda regresar a Marte», pensó.
Pero, y después, ¿qué? Las cosas serían mucho peor en Marte. La organización política cuyo líder había asesinado le localizaría en el mismo momento en que descendiera de la nave; allí le perseguirían en el acto tanto «ellos» como Interplan.
«¿Podéis escuchar mis pensamientos?», se preguntó. Fácil camino hacia la paranoia; solo allí, sentado, sintió cómo le controlaban, cómo grababan sus pensamientos, cómo discutían entre ellos...
Sintió un estremecimiento, se puso en pie, y caminó sin rumbo, con ambas manos metidas en los bolsillos. Se daba cuenta de que no tenía la menor importancia el lugar adonde pudiese ir. «Siempre estaréis conmigo -pensó -mientras tenga dentro de mi cabeza este dispositivo.»
«Haré un trato con vosotros - pensó para sí y para ellos -. ¿No podéis implantar una falsa memoria en mí otra vez, como lo hicisteis antes, para vivir una vida rutinaria olvidando que alguna vez estuve en Marte? ¿Algo que asimismo me haga olvidar totalmente haber visto un uniforme de Interplan y haber sostenido en la mano. una pistola?»
Una voz dentro de su cerebro respondió: «Como ya se le ha explicado cuidadosamente a usted, eso no sería suficiente».
Asombrado, Quail se detuvo.
«Comunicamos antiguamente con usted en esta forma -continuó diciendo la voz ¬cuando estaba usted operando en el campo, en Marte. Han pasado meses desde que lo hicimos por última vez; pensábamos, de hecho, que jamás tendríamos que volver a hacerlo. ¿Dónde está usted?»
«Paseando -respondió Quail -. Caminando hacia mi muerte.»
Y pensó para sí: «Provocado por las pistolas de vuestros agentes.»
Luego, preguntó:
«¿Cómo pueden estar seguros de que no sería suficiente? ¿Acaso no tienen resultado las técnicas de Rekal?»
«Como ya hemos dicho - respondió la voz -, si se le proporcionan a usted un conjunto de memorias normalizadas, usted se sentiría... intranquilo. Inevitablemente acudiría de nuevo a Rekal o quizá a cualquier otra firma competidora. No podemos pasar por eso dos veces.»
«Supongamos - dijo Quail - que una vez se cancelen mis auténticos recuerdos, se implante en mí algo más completo que una memoria normalizada. Algo que pudiese satisfacer mis ansias. Eso ya se ha demostrado; y probablemente ésa es la razón por la que ustedes me han contratado. Pero pueden inventar algo más, algo que sea igual. Fui el hombre más rico de la Tierra, pero finalmente doné todo mi dinero a fundaciones educativas. O fui, quizá, un famoso explorador espacial. Cualquier cosa por el estilo, ¿no valdría cualquier cosa de estas?
Hubo un largo silencio.
«Hagan la prueba -dijo Quail, desesperadamente -. Pongan a trabajar a sus famosos psiquiatras militares; exploren mi mente. Averigüen cuál es mi sueño más ansiado.»
Quail trató de pensar.
«Mujeres -murmuró a continuación -, miles de ellas, como las tuvo don Juan. Playboy interplanetario... Una querida en cada ciudad de la Tierra, Luna y Marte.
«Y luego abandoné, todo eso a causa del agotamiento. Por favor, hagan la prueba.»
«Entonces, ¿se entregaría usted voluntariamente? -Preguntó la voz en el interior de su cabeza. Si convenimos, y es posible tal solución, se entregaría?» Tras un breve intervalo de duda, respondió:»
«Si, correré el riesgo... con la condición de que no me maten.»
«Haga usted el primer movimiento - dijo la voz inmediatamente -, entréguese a nosotros e investigaremos esa línea de posibilidad. Sin embargo, si no lo podemos hacer, si sus recuerdos comienzan a surgir nuevamente como ha sucedido esta vez, entonces...»
Hubo otro silencio, y a continuación la voz concluyó:
«... Tendremos que destruirle. Esto debe usted comprenderlo. Bien, Quail, ¿todavía quiere usted probar?»
«SI», respondió.
De lo contrario, la única alternativa en aquellos. momentos era la muerte, una muerte segura. Por lo menos aceptando la prueba le quedaba una posibilidad de sobrevivir por muy débil que fuese.
«Preséntese en nuestro cuartel general de Nueva York - resumió la voz del agente Interplan -. En el 580 de la Quinta Avenida, planta doce. Una vez se haya entregado nuestros psiquiatras comenzarán a trabajar sobre usted. Haremos diversas clases de pruebas. Trataremos de determinar su último deseo por muy fantástico que sea, y entonces le llevaremos a Rekal y procuraremos que tal deseo se haga realidad en su mente. Y... buena suerte. Es evidente que le debemos algo. Actuó usted muy bien para nosotros.»
El tono de voz carecía de malicia; si algo expresaba, ellos -la organización-sentían simpatía hacia él.
«Gracias», dijo Quail.
Y acto seguido comenzó a buscar un taxi-robot.
-Señor Quail -dijo el psiquiatra de Interplan, hombre de edad madura y facciones graves -, posee usted unos sueños de fantasía realmente interesantes. Probablemente son algo que ni siquiera usted mismo supone. Espero que no le molestará mucho conocerlos.
El oficial de alta graduación de Interplan que se hallaba presente dijo bruscamente:
    - Será mejor que no se moleste mucho al escuchar esto, si no desea recibir un balazo.
    El psiquiatra continuó:
    - A diferencia de la fantasía de desear ser un agente secreto de Interplan, que, hablando relativamente no es más que un producto de madurez, y que poseía cierto carácter plausible, esta producción es un sueño grotesco de su infancia; no tiene nada de particular que usted no lo recuerde. Su fantasía es la siguiente: tiene usted nueve años de edad, y camina a solas por un sendero del campo. Una variedad, poco familiar, de nave espacial, procedente de otro sistema estelar aterriza directamente frente a usted. Nadie en la Tierra, excepto usted, la ve. Las criaturas que hay en su interior son muy pequeñas e indefensas, algo parecidas a los ratones de campo, aun cuando están intentando invadir la Tierra. Docenas de miles de otras naves semejantes están a punto de ponerse en camino, cuando esta nave de exploración dé la señal.
    - Y se supone que yo he de detenerlos - dijo Quail, experimentando una sensación mezcla de diversión y disgusto -. Simplemente de un manotazo o aplastándolos con el pie.
    - No - replicó el psiquiatra, pacientemente -. Usted detiene la invasión, pero no destruyendo a esos seres. En su lugar, usted muestra hacia ellos amabilidad o piedad, aunque sea por telepatía -su medio de comunicación -, porque ya sabe usted a lo que han venido. Ellos nunca han recibido semejante trato por parte de un organismo vivo, y para demostrar su aprecio, pactan con usted.

Quail dijo:
    - No invadirán la Tierra mientras yo viva, ¿verdad?
    - Exactamente.
    A continuación, el psiquiatra se dirigió al oficial de Interplan:
    - Puede usted ver que encaja en su personalidad, a pesar de su falso desprecio.

-Así, pues, simplemente con seguir viviendo - dijo Quail, con creciente sensación de placer -, simplemente con seguir alentando, salvo a la Tierra de una invasión.
    - Entonces, en efecto, soy el personaje más importante de la Tierra. Sin levantar un dedo siquiera
    - Evidentemente, señor - respondió el psiquiatra - y conste que esto es una base en su Psique; ésta es una fantasía de infancia. Algo que, sin una terapia profunda y sin tratamiento de drogas, usted jamás habría recordado. Pero siempre ha existido en usted; se hallaba en estado latente, pero sin cesar jamás.

El jefe de policía se dirigió entonces a McClane, que se halla sentado, escuchando atentamente.
- ¿Puede usted implantar un modelo de esta clase en él?
    - Manejamos toda clase de fantasía que pueda existir -dijo McClane -. Francamente, he oído cosas peores que ésta. Por supuesto que podemos hacerlo. Dentro de veinticuatro horas, no habrá deseado haber salvado a la Tierra. Será algo que creerá ha sucedido realmente.
    El oficial de la policía dijo:
    - Entonces ya puede usted comenzar su trabajo como preparación previa, ya hemos borrado en él el recuerdo de su viaje a Marte.

- ¿Qué viaje? - preguntó Quail.
Nadie le contestó, y así, aunque de mala gana, abandonó el asunto. Pronto se presentó un vehículo de la policía. El, McClane y el jefe de la policía subieron y se dirigieron hacia Rekal Incorporated.
    - Será mejor que esta vez no cometa usted errores -dijo el jefe de la policía al nervioso McClane.
    - No veo que haya nada que pueda salir mal - respondió McClane, sudando abundantemente -. Esto nada tiene que ver con Marte o con Interplan. Simplemente se tratará de la detención de una invasión de la Tierra procedente de otro sistema estelar.

McClane movió la cabeza, y tras una breve pausa de silencio, continuó:
-¡Cielos, qué clase de sueños!
Y tras pronunciar estas últimas palabras, se enjugó el sudor de la frente con un
pañuelo. Nadie dijo nada.
- En realidad, es conmovedor - añadió McClane.
    - Pero arrogante - dijo el oficial de policía -. Porque cuando él muera volverá a presentarse la amenaza de invasión. No tiene nada de extraño que no lo recuerde; es la fantasía más grande que he oído en mi vida. Luego, miró a Quail con expresión de desaprobación. - ¡Y pensar que hemos anotado a este hombre en nuestra nómina!
    Cuando llegaron a Rekal Incorporated, la recepcionista Shirley les recibió apresuradamente en la oficina exterior.
    - Bien venido sea de nuevo, señor Quail - dijo la muchacha -. Siento mucho que anteriormente las cosas hubiesen salido mal; estoy segura de que ahora todo saldrá mejor.

Todavía enjugándose el sudor de la frente con el pañuelo, McClane dijo:
- Todo saldrá mejor.
Actuando con rapidez, llamó a Lowe y a Keeler, y les siguió, a ellos y a Quail, hasta la zona de trabajo. Después regresó a su despacho en compañía de Shirley y del jefe de policía. Para esperar.
- ¿Tenemos algún paquete preparado para esto, señor McClane? -preguntó Shirley, tropezando con él en su agitación y sonrojándose modestamente.
- Creo que sí.
McClane trató de recordar. Luego abandonó el intento y consultó el gráfico.
Decidió en voz alta:
-Una combinación de los paquetes Ochenta, Veinte y Seis.
De la sección de cámara abovedada que había tras su despacho extrajo los

adecuados paquetes y los llevó hasta su mesa de despacho para examinarlos. -Del Ochenta - explicó - una varilla mágica de curación, que le entregaron al cliente en cuestión, esta vez el señor Quail..., la raza de seres de otro sistema estelar. Una muestra de gratitud.
- ¿Todavía surte efectos? - preguntó el oficial.
    - Lo hizo en otro tiempo -respondió McClane -. Pero él, bien, la usó hace años curando aquí y allá. Ahora sólo es un objeto. Aunque la recuerde vívidamente.
    McClane cloqueó con la garganta, y luego abrió el paquete Veinte.
    - Documento del secretario general de las Naciones Unidas, dándole las gracias por haber salvado a la Tierra; esto no es precisamente una cosa muy adecuada porque parte de la fantasía de Quail se basa en que nadie conoce la invasión, excepto él, pero en nombre de la verosimilitud lo incluiremos.

McClane inspeccionó el paquete Seis a continuación. ¿Qué significaba aquello? No lo recordaba; frunciendo el ceño, introdujo una mano en el interior de la bolsa de plástico, mientras que Shirley y el oficial de la policía le contemplaban con curiosidad.
- Escritura en un idioma extraño - dijo Shirley.
-Esto demuestra quiénes eran -dijo McClane - y de dónde llegaron. Se incluye un detallado mapa estelar señalando su vuelo y el sistema de origen. Por supuesto, lo han hecho «ellos» y él no sabe leerlo. Pero sí recuerda que se lo leyeron personalmente en su propia lengua.
McClane depositó los tres paquetes sobre el centro de la mesa de despacho, y añadió:
- Se debe llevar esto a la vivienda de Quail, para que cuando llegue a casa los encuentre. Y estas cosas confirmarán su fantasía. Procedimiento operativo normalizado.
Luego reflexionó sobre cómo irían las operaciones de Lowe y Keeler.
Sonó el aparato de comunicación interior.
- Señor McClane, siento mucho molestarle.
Era la voz de Lowe; McClane quedó como congelado cuando la reconoció. Quedó pasmado y mudo.
- Sucede algo y sería mejor que viniese usted a supervisar la operación. Como anteriormente, Quail reaccionó bien bajo la narquidrina, está inconsciente, relajado, y tiene buena recepción, pero...
McClane salió disparado hacia la zona de trabajo.
Sobre una cama higiénica yacía Douglas Quail respirando lentamente y con regularidad, con los ojos medio cerrados, y casi sin percibir a los que le rodeaban.
-Comenzamos a interrogarle -dijo Lowe, muy pálido - para averiguar exactamente cuándo situar el recuerdo-fantasía de haber salvado a la Tierra. Y cosa extraña...
- Me advirtieron que no lo dijera - murmuró Quail, con voz extrañamente ronca -. Ese fue el convenio. Ni siquiera se suponía que llegara a recordarlo. Pero, ¿Cómo podría olvidar un suceso como aquél?
- «Creo que fue difícil - reflexionó McClane -, pero lo hizo usted... hasta ahora.»
-Incluso me entregaron una especie de pergamino como muestra de gratitud ¬añadió - Lo tengo escondido en mi alojamiento. Se lo enseñaré.
McClane dijo al oficial de la policía, que le había seguido:
- Bien, le sugiero que no le maten. Si lo hacen, «ellos» regresarán.
-También, me entregaron una varilla mágica para curar - añadió con los ojos totalmente cerrados -. Así fue como maté a aquel hombre en Marte. Está en mi cajón, junto con la caja de gusanos y plantas ya resecas.
Sin pronunciar una sola palabra, el oficial de Interplan abandonó la zona de trabajo.
«Lo mejor que podría hacer ahora sería desembarazarme de esos paquetes-prueba», se dijo a sí mismo McClane, resignadamente.
Caminó, lentamente, hacia su despacho, pensando en que, después de todo, también debía desembarazarse de aquella citación del secretario general de las Naciones Unidas...
La verdadera citación probablemente no tardaría mucho tiempo en llegar.

FIN


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20121022

Tears of Steel


Tears of steel o proyecto mango es el cuarto cortometraje realizado por la Fundación Blender el cual se está utilizando solo software libre y que posterior al estreno del cortometraje; los archivos utilizados en su realización se ofrecerán en forma pública y gratuita con licencia y condiciones de difusion y reutilizacion basadas en la filosofía del conocimiento libre.
Aquí les traemos una copia del cortometraje y otra que pueden descargar en forma libre desde esta dirección:
 http://fullcine.tv/idioma-original/tear-steel-2012/

Sinopsis

La historia es ambientada en una Ámsterdam futurista; trata de un chico llamado Tom que se interesa por conocer el espacio y así rompe con Celia una especie de androide, sin saber que ese sería el inicio del fin de la tierra. Veinte años después debe regresar al lugar de su ruptura con Celia para poder salvar al mundo. Esta vez equipado con un traje robótico de alta potencia y una flota de viajeros del tiempo, ¿le bastará para reparar un corazón roto?.

Objetivos del proyecto

Como en trabajos anteriores el interés de la Fundación Blender es organizar proyectos que ayuden a desarrollar nuevas características y realizar mejoras para Blender, algunas de estas son:
  • Estimular el desarrollo de funciones avanzadas a nivel de producción.
  • Validación de Blender por grandes artistas.
  • Uso e implementación de una fuente de información de código abierto.
  • Crear publicidad favorable y buenas relaciones públicas para Blender.
  • Crear material útil y contenidos educativos de contenido libre.
  • Por último, pero no menos importante, proporcionar una experiencia divertida e inspiradora para toda la comunidad de Blender.
  
Concepto
Ya que no se ejecutará con un método tradicional de producción comercial, el equipo posee una libertad insuperable en el desarrollo del proyecto. Algunos aspectos han sido congelados debido a los objetivos técnicos, parcialmente solo tendrá algunos aspectos diferentes a los utilizados en proyectos anteriores, estos son:

Objetivos técnicos

  • Captura de movimiento.
  • Renderizado fotorealista.
  • Fuente de información de colo mejorado.
  • Se mejoró la composición, edición(video/vfx), masking y grading.
  • Fuego/humo/volumétricos y explosiones.
  • Arreglar la dependencia gráfica de Blender

Equipo

  • Ian Hubert - Director/escritor
  • Ton Roosendaal - Producctor.
  • Joris Kerbosch - Director de fotografía.
  • David Revoy - Concepto artístico (Francia).
  • Jeremy Davison - Animador 3D/rigger.
  • Sebastian Koenig - Artista 3D/matchmover.
  • Francesco Siddi - Artista 3D/animador.
  • Nicolò Zubbini
  • Roman Volodin - Artista 3D/animador.
  • Andy Goralczyk - Renderizado 3D/iluminación.
  • Rob Tuytel - Asistente de producción/modelador.
  • Joram Letwory - Música y sonido.

Programas utilizados

  • Para los gráficos 3D Blender con su nuevo motor "Cycles" también se incluyeron proyectos como OpenShading, OpenColor y OpenImage.
  • Para las cámaras y la captura de movimiento Blender usó Libmv.
  • Para las imágenes y dibujos GIMP, MyPaint, Krita e Inkscape.
  • Los renders e imágenes usan el formato OpenEXR.
  • Las secunacias de comando fueron realizadas en Python.
  • Las estaciones de trabajo estan equipadas con Ubuntu 64 bits.
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20120926

Resident Evil: La venganza

‘Resident Evil: La venganza’, la peor de todas
septiembre 23, 2012 By Josue N. 
http://pinchepelicula.com/2012/09/resident-evil-la-venganza-la-peor-de-todas.html

A estas altura cuesta referirse a la franquicia de Resident Evil sin reírte o enojarte, o ambas, supongo que durante la década pasada la empatía que genero la saga, especialmente a los millones de fanáticos que tiene alrededor del mundo, debido en gran parte a los videojuegos, es algo irreversible. No por nada, cuando publicamos el trailer de la cinta en el blog, uno de los usuarios comentaba que ya sabían a lo que se atenían, pero de cualquier forma irían a verla. Hay mucho de verdad ahí. Cuando has estado consumiendo producto basura, en años recientes ha crecido eso, tienes una necesidad, culposa, de seguir haciéndolo pues quizás inconscientemente te entretiene. Eso no te quita tu objetividad a la hora de valorar filmes, o no debería, y juzgar a Resident Evil como lo que en realidad es: Mierda.

Perdonen por el lenguaje, usar ese tipo de vocabulario sobra, y esta de más hacerlo en el blog, principalmente por los lectores que tenemos, pero es necesario usar esa palabra para trasmitir lo que acabo de ver en una pantalla de cine, en un lugar mágico donde vas a soñar, esa es al esencia de asistir al cine. Y creo que nadie, llámese quien sea, puede burlarse de ti y faltarle el respeto al cine mismo. Paul Thomas Anderson lo hace, y de manera cínica y bochornosa. Un director que no tiene un solo logro positivo en su risible carrera, destacando cintas tan mediocres como Mortal Kombat o la insulsa Alien vs Depredador. A esto le añadimos que se cargo la franquicia de Resident Evil, llegando a superarse con creces con cada cinta, pues hizo una peor que otra. Algo impensable y que demuestra no solo que no tiene ni una pizca de talento, sino que es un cínico que pretende robarte tu dinero y tu tiempo. La saga de Crepúsculo parece una joya cinematográfica en comparación con esta cosa.


Se muy bien, ya lo han dicho, y se que muchos tratarán de defenderla, argumentando que es una película en la cual no esperas absolutamente nada, por ello está de más el enojarse. Es cierto, si después de ver Resident Evil Apocalipsis, Extinción y La resurrección aún tienes esperanza en ver algo decente y “bueno”, estás perdido. Lo malo viene cuando lo que te cuentan no solo esta por debajo de esos tres títulos que menciono, sino que La venganza es una cinta en la que no pasa absolutamente nada. Más de una hora y media de diálogos vacíos y estúpidos, personajes irrelevantes e irritantes, secuencias basura, y una historia escrita por un niño de seis años. Anderson rompe la barrera entre lo absurdo y lo impensable. Tenía tanto potencial y tantas vertientes argumentales que seguir de buena manera, para que al final de cuentas nos engañe y escupa en la cara.

La historia de La venganza no solo es ilógica y innecesaria, sino que también es uno de las mayores tomadura de pelo de la historia del cine. Múltiples carteles y pósters, trailers, y anuncios televisivos que te venden que esta cinta es algo apoteósico, algo “mundial”, pues te dicen que conocerás la visión de otros países, como Rusia o Berlín, para salir de la cotidianidad de EUA. Es una premisa interesante, desafortunadamente a los quince minutos te das cuenta que se burlaron de ti. No hay nada de global aquí. La trama se trata de “justificar” argumentando que Alice, Milla Jovovich, está atrapada por la corporación Umbrella en alguna especie de base operacional enterrada bajo la nieve, en la cual hay “simuladores” que retratan la realidad de varias ciudades en el mundo. Algo increíblemente estúpido. Y si de plano Anderson no tenía ya demasiado, decidió tomar a personajes claves de los videojuegos, como Jill Valentine, Leon y Ada Wong para rellenar la lamentable historia. Ningún personaje vale la pena y no te importa en absoluto lo que le suceda. Especialmente a Michelle Rodríguez, uno de los atractivos de la cinta, la cual seguramente estaba drogada cuando filmo en esta aberración.


Ni el apartado visual es interesante ni destacado, es una ridícula repetición de secuencias en cámara lenta que lo único que provocan es pararte de tu asiento y largarte de la sala. Esta filmada para ser proyectada en 3D, eso se nota a kilómetros, pero en realidad nada vale la pena ni en eso. Lo peor de Resident Evil: La venganza es que potencializa todo lo malo de las anteriores entregas y encima te cobran para verlo. Si llegaste a disfrutar o al menos soportar las anteriores cintas, es mejor abstenerse aquí, pues es la peor de todas. Y sin duda, como me lo menciono un amigo, la peor película en lo que va del año, al menos comercial y que se estrena en cines. Un lamentable ejercicio fílmico que tiene como cometido dañarte la mente con explosiones cada cinco minutos y repleta de situaciones incongruentes y de pena ajena. Si la saga ya estaba desgastada y tirada a la basura, con esta última entrega ya deben de sepultarla y hacerse a la idea que nunca existió. No paguen un boleto por ver esta ridícula película, ni gasten, aún mas importante, su tiempo en productos basura. Ya estuvo bueno que se burlen de ti en tu propia cara.


Considero a La venganza como la peor película del 2012 y uno de los títulos más mediocres en muchos años. El anticine que te muestra todo lo que no debes hacer a la hora de filmar algo. Un recopilado de absolutamente nada que no va a ningún lado y que toma una rica mitología, como lo es la franquicia de los videojuegos, y la tira a la mierda, destrozando no solo a personajes, sino ridiculizando la saga a niveles enfermizos. Señores, les hago una atenta invitación a pasar por alto este filme y de ser posible amenazar a Anderson con todo su corazón. Ese tipo de individuos no merecen absolutamente nada de atención ni mucho menos nada parecido al éxito. Hoy el cine esta de luto. Más aún si tenemos en cuenta el éxito que esta teniendo la película en taquilla. Una vergüenza, y me duele, pues yo colabore con ese boleto que pague. Está es la última vez que me timan de tal manera. Lo juro.

Copia gratis en :
http://www.sdd-fanatico.org/resident-evil-retribution-2012/

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20120903

Crítica Hombres de Negro 3


Crítica Hombres de Negro 3
Reviewed by: Cristobal C.

Para que el actor Tommy Lee Jones (Agente K) esté solicitando filmar la cuarta parte de la saga ‘MIB’ de inmediato, es porque ni el se esperaba el éxito obtenido el pasado fin de semana. Creo que a todos nos agarró de sorpresa porque durante semanas estaba siendo sepultada por arañas, una nave espacial y superhéroes.

Después de la deplorable secuela de hace diez años (¡que rápido pasa el tiempo!), los hombres de negro regresan con otra versión demasiado mediocre, que les funciona sólo porque se concentra en la relación de amistad de los agentes ‘J’ y ‘K’. Así es. Aquello que estaba sepultado entre tantas payasadas del perro, los gusanos o hasta los extraterrestres ocasionales que hacen un cameo para hacerse los graciosos; regresa para ser el enfoque de lo que no se debió de haber perdido desde el principio.


Digo que es un mediocre intento, porque esta saga es la ilusión de todo guionista que sueña con poder tener posibilidades infinitas. Es vergonzoso que la versión animada haya tenido más agallas en ampliar la visión de un mundo donde extraterrestres viven entre nosotros, que lo que se ha propuesto con las versiones en el cine. De nuevo se sigue con la misma fórmula del villano que amenaza el mundo con su destrucción, un aspecto grotesco que requiera el uso de efectos visuales y un plan que requiere la obtención de un objeto que hará posible nuestra salvación.

La trama no es nada fuera de este mundo, es de lo más visto en lo que se refiere a viajar al pasado para evitar que el presente sea alterado. En esta ocasión las causas de los males es Boris el ‘Animal’ (Jemaine Clement), como otro villano que es tan desechable como los pañuelos para limpiarse la nariz y que tiene la misión de asesinar al agente ‘K’. Después de media hora que sirve como recuerdo del porque la segunda parte fue tan aburrida al intentar explicarnos lo que esta sucediendo como si fuera tan complejo que es necesario un manual. El agente ‘J’ (Will Smith) salta del edificio ‘Chrysler’ en una de las mejores secuencias que tiene la película, para llegar a un mundo tan alienígena que incluye hippies, policías racistas y hasta el artista Andy Warhol (Bill Hader) que se vuelve una búsqueda obligada en Wikipedia.


A pesar de que el director Barry Sonnenfeld ha sido el responsable de las tres películas, en esta ocasión es evidente la falta de energía como la que se tenía en la primera parte con tanta diversidad de seres que hasta curiosidad nos causaba. Ya no existe más esa pizca de locura que es ver una cucaracha gigante disfrazarse de humano, o una vaca mirando una nave chocar en la tierra. No quiero pensar que sea por falta de ideas y me inclinó más a la necesidad de darle seriedad a la trama que necesita de mayor impacto cuando la revelación final se haga presente.

Lo mejor es sin duda la actuación de Josh Brolin como el joven agente ‘K’, quien fácilmente pudo haber caído en la falsedad al interpretar una versión más alegre del veterano actor, que cada vez es más evidente su fatiga por interpretar el personaje. Sin caer en la imitación, el actor transmite una alegría y a la vez una seriedad muy única del personaje que no deja duda que se trata del mismo gruñón que conocemos. Esa flexibilidad que le brindan al personaje permite una nueva dinámica muy propia del agente ‘J’, que hasta se vuelve como un sueño hecho realidad.


Es en el personaje de Griffin (Michael Stuhlbarg) donde recae la sorpresa y quien será el responsable de polarizar la opinión que se tiene al respecto de la película. En lo personal, su existencia permanente en cinco dimensiones me pareció fascinante y a la vez problemática. De por sí que todo el embrollo de las paradojas que se crean al viajar por el tiempo no pueden ser explicadas sin caer en el dilema del ¿El huevo o la gallina?, este personaje se vuelve como un guía a tal punto que las sorpresas son . Luego está el hecho de que le adjudican unos ojos de caricatura japonesa, un gorro del Chavo del 8 y una voz tierna como si mandado de la escuela de Barney y sus amigos.

Al final, resulta ser mejor no esperar demasiado de este nuevo intento por relanzar una serie que ya dábamos por muerta. Tiene sus detalles que no la hacen del todo mal, es sólo que no tiene aspiraciones al seguir utilizando la fórmula mediocre que para algunos es suficiente.

Puedes obtener una copia gratis Aquí
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20120810

Cargo (2009)


Cargo es una película de origen suizo estrenada en el año 2009.
En “Cargo” se nos cuenta la historia de Laura, una doctora que decide enrolarse como oficial médico en una nave de transporte espacial que lleva materiales de construcción a una base estelar lejana. Con lo ganado en dicho viaje Laura espera poder pagar su pase a Rhea, un planeta descubierto hace años por los humanos y que es, hasta el momento, el único lugar similar a la Tierra localizado en el espacio profundo. Ambientada en un momento futuro en el que nuestro planeta es ya incapaz de mantener con sus pocos recursos a toda la humanidad, poder instalarse en Rhea es un sueño al que muchos aspiran pero pocos alcanzan.
Ni que decir tiene que durante el largo viaje (cuatro años de ida y cuatro de vuelta) emprendido por Laura algo saldrá mal. Despertados del hipersueño antes de la hora los tripulantes de la nave deberán enfrentarse con una presencia desconocida en la bodega de carga, sabotajes y terroristas así como a una verdad que será revelada y que cambiará el destino de toda la humanidad.


Aunque el concepto es atractivo y se tocan diversos temas de gran interés para todos los que amamos la ciencia ficción y que no mencionaré para no arruinar la película a quienes puedan tener interés en verla, las dos horas de duración y el ajustado presupuesto hacen mella  en el desarrollo del film y el escaso empaque de su reparto tampoco ayuda demasiado a mantener la atención del espectador. No es solo que no sean caras conocidas para nosotros, es también su falta de carismas a la que contribuyen además unos diálogos excesivamente funcionales que no nos permiten apenas conocer a unos personajes con los que deberíamos implicarnos. El mayor ejemplo de todo esto se encuentra en la relación de amor que se establece entre Laura y uno de los tripulantes que no resulta creíble en absoluto pero que se establece porque será necesaria para poder conducir la historia hasta el final.
Cabe resaltar los magníficos efectos especiales y las secuencias de la naves en el espacio  exterior que nada tienen que envidiar a los de cualquier producción americana del estilo, si bien en los interiores se aprecia mucho más la falta de variedad en los decorados y un mayor nivel de detalle en los elementos de atrezzo.


Pese a todo y como ya avancé al principio de esta crítica, Cargo es un film apreciable  y digno que no merece pasar desapercibido aunque solo sea para anirmar a las cinematografías europeas a adentrarse en terrenos un poco más arriesgados y sacarnos así de la monotonía.


AÑO 2009
DURACIÓN 120 min.
PAÍS [Suiza]
DIRECTOR Ivan Engler, Ralph Etter
GUIÓN Ivan Engler, Patrik Steinmann, Johnny Hartmann (Historia: Arnold Bucher)
MÚSICA Fredrik Strömberg
FOTOGRAFÍA Ralph Baetschmann
REPARTO Martin Rapold, Michael Finger, Claude-Oliver Rudolph, Yangzom Brauen, Pierre Semmler, Regula Grauwiller, Anna-Katharina, Laura Portmann, Gilles Tschudi
PRODUCTORA Atlantis Pictures / Centauri Media
 http://www.muchocine.net

Puede bajar una copia sin cargo desde http://fullcine.tv/idioma-original/cargo-2009


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